Daniel Claros, Entre los rascacielos de Madrid y el Cerro Almodóvar: romper la inercia para cambiar el destino

Ambición, éxito, decisiones que cambian una vida y una ciudad que se convierte en un personaje más de la historia. En Hijos de la inercia, el autor combina la tensión del mundo de la auditoría y las finanzas con escenarios tan reconocibles como Santa Eugenia y el Cerro Almodóvar, un homenaje a sus raíces y a un barrio que ocupa un lugar especial en la novela.

 

Por: Alicia Vallejo

El título es muy sugerente. ¿Qué significa realmente ser “hijos de la inercia”?

Hijos de la inercia se refiere a no­sotros mismos; personas que nos dejamos llevar por un des­ti­no que parece ca­pri­cho­so e im­posible de gobernar. Sin em­bar­go, esto no es del to­do cierto. Pa­sa­mos gran par­­­te de nuestra vi­­da en piloto auto­­má­ti­co, guián­do­nos por lo que se espera de no­so­tros, por el miedo a no fa­llar o, sim­ple­men­­te, deján­do­nos lle­var por las opiniones de los de­más. Eso ha­ce todo más fá­­cil porque te qui­ta res­pon­sa­bi­lidad a la hora de decidir.

El pro­ble­ma viene cuando la realidad te pone en tu si­tio y te obliga a plantearte si la vi­da que estás vi­viendo es la que siempre has querido vi­vir. Y de eso tra­ta prin­cipal­men­te esta novela, de lo que tiene que ocurrirle a al­guien para que lle­gue a plantearse ese dilema tan extremo y, más im­por­­tante aún, de si va a ser ca­paz de tomar las decisiones ade­cuadas. Por­que son ese tipo de decisiones las que pue­den rom­per esa inercia que nos arrastra y, a veces, cam­biar por completo el rum­bo de nuestra vida.

¿Qué tiene el mundo de la auditoría y las finanzas que lo hace tan literario y tan perfecto para un thriller?

Creo que es un mundo que ge­ne­ra mucha intriga y eso pa­ra un thri­ller es ma­ra­vi­llo­so. Pa­ra em­pe­zar, es un mun­do des­­conocido pa­ra la ma­yo­ría de las personas y eso ge­ne­­ra cu­riosidad. Intriga y cu­rio­si­dad es una combinación per­fecta pa­­ra una novela. Ade­más, es com­ple­jo y en cierto modo inaccesible. Siem­pre se ha mos­trado el mundo de la audi­to­ría y el de las finanzas co­mo un mundo de tiburones, donde la ambición campa a sus an­chas y solo triunfan los más fuer­tes. Y en cierto modo po­dría ser así, pero, como siempre ocurre, la realidad es mucho más com­ple­ja. Para mí, lo más im­portante y en lo que pocas ve­ces se pone el fo­co es que de­trás de esas gran­des mul­ti­na­­cio­nales o detrás de palabras co­mo “be­ne­fi­cios”, “dividen­dos” o “pér­­­­di­das”, hay seres hu­­manos. Per­­­­so­nas con mie­dos, con am­bi­cio­nes, con nece­si­dades de afecto. Per­­sonas que amarán, traicio­na­rán y se sa­cri­ficarán. Creo que ese es el se­­­­creto de esta historia y lo que la ha­­ce tan literaria. No necesitas ase­si­­nos en serie o policías para es­cri­bir un thriller, necesitas per­­sonajes con con­flic­tos cons­tan­tes y una tra­­ma que los lle­ve al límite. Y eso se en­­cuen­tra fá­cil en un mundo tan ver­­­­tiginoso como el de la audi­to­ría.

Madrid tiene mucho peso en la no­vela. ¿Qué aporta la ciudad a la historia que no podría apor­tar ningún otro lugar?

Bueno, lo primero que tengo que confesar es que yo soy un ena­mo­ra­do de Madrid. Creo que queda claro tras leer la no­vela. Es una ciudad con una vi­da frenética y donde hay vi­da, hay historias que contar. Como toda gran ciudad, es­tá lle­na de ma­ti­ces, de con­tras­tes. Tiene lujo y po­breza, ba­rrio y no­ble­za. Tiene arte y des­trucción, mú­sica y si­len­cio. Para mí, Madrid es como una película en la que cada lu­gar tiene su propio estado de ánimo. Cada escenario, cada can­ción, cada diálogo que apa­rece en la novela tiene el objetivo de trans­mitir esa vida y esos con­tras­tes para crear personajes pro­fun­dos, algo clave para mí a la hora de construir una buena historia.

Hay capítulos relacio­na­dos con el Cerro Almodóvar y Santa Eugenia. ¿Por qué decidiste in­cluir ese lugar dentro de una tra­ma fi­nanciera tan intensa?

Porque es la contraposición per­fec­ta a ese Madrid infinito que co­mentaba antes, a ese ruido en­sor­de­cedor en el que se ha convertido la vida de Jai­me, el protagonista de esta historia. Quería que el barrio fuera un escenario importante pero no para ser el escenario prin­cipal de la novela, sino por lo que ocurre cuando apa­re­ce en escena. Un atar­decer viendo el skyline de Ma­drid desde el Cerro Al­mo­dó­var es una de las cosas más ma­ra­vi­llosas que uno puede ver. Y si estás acom­pañado de al­guien especial, me­jor. Sim­ple­mente no podía de­jar un momento así fuera de esta his­­toria. Además, es mi pequeño ho­menaje a un barrio que ha sido y sigue siendo todo para mí.

¿Crees que hoy vi­vi­mos de­ma­siado obsesiona­dos con de­mos­trar cons­tan­te­mente que triun­fa­mos?

El problema es que, si no lo mues­tras, parece que no tiene va­lor. O eso es lo que nos ha­cen creer. ¿Cuál es el prin­ci­pal uso que se le da hoy en día a las redes sociales? Creo que han me­dia­ti­za­do y mono­po­li­za­do la idea de éxi­to y pres­ti­gio. Cuanto más se­gui­dores tengas, cuanta más gen­te te ad­mire públicamente, más re­pu­ta­ción tendrás. Y las re­des pre­ci­sa­men­te viven de mos­trar, por lo que tiene ló­gi­ca que si triunfas en redes es porque mues­tras… es un sistema que se retroalimenta. Dicho esto, creo que al final es una cuestión personal. Si no ne­ce­sitas reafirmarte, si no ne­ce­si­tas la aprobación pública de los dem­ás, pro­ba­blemente no lo muestres, aunque tengas éxito y re­pu­tación en el campo en el que te muevas. Es una cuestión de autoconfianza.

¿Hay algo autobiográfico en Jaime o en las situa­cio­nes que aparecen en el li­bro?

Esa pregunta me la han hecho mucho durante las últimas se­ma­nas y me parece lógico. Imagino que alguien que me conozca bien puede hilar y pensar que al­gunas situaciones que vive Jai­me forman parte de mi vida. Una vez le escuché a alguien decir que todos los escritores dejan pin­celadas de su vida, de sus ex­periencias o de sus sueños en los personajes de sus novelas. Yo ten­go mucha ima­gi­nación y eso me ayuda a es­cribir, pero, indu­da­blemente, las cosas que uno ha ex­pe­ri­mentado se plas­man de un modo u otro en la his­to­ria que estás contando. Y respecto a las situaciones, te di­ría lo mismo. Ob­via­men­te, des­pués de casi 9 años tra­ba­jan­do en auditoría en una Big Four, he te­ni­do tiempo de so­bra para vivir mu­chas ex­pe­rien­cias. Pero tam­bién es tiem­po suficiente pa­ra ha­ber leí­do, es­cuchado o ima­ginado mu­­chas otras. Así que te digo lo mis­­mo, puede que sea un po­co de Jaime, pero también un po­­co de Luna, de Paula, de Fa­bio, de En­ri­que… o de nin­gu­no.

¿Qué fue más difícil: cons­truir la trama financiera o la psi­co­lo­gía de los personajes?

Creo que la trama financiera. Piensa que para ser capaz de es­cri­bir una novela ambientada en un mundo aparentemente com­ple­jo de­bes entender muy bien lo que es­tás contando. Mi mayor ob­se­sión siempre fue es­cri­bir una no­vela que pudiera gustar, so­bre to­do, a un lector que no venga del mundo de la auditoría o de las grandes con­sul­toras. Y para eso debes com­prender muy bien la trama a ni­vel técnico, pa­ra ser capaz de filtrar y quedarte con lo esencial. Es la única ma­ne­ra de es­cri­bir algo que real­men­te enganche y anime a seguir pasando páginas. La psicología también tiene su complejidad, aun­que es la parte que más me divierte. Me encanta crear vidas, me­ter­me en sus ca­­be­zas y vivir sus con­flic­tos. Dis­fru­to de­ján­do­me llevar por lo que dicen o piensan los per­so­na­jes. Nunca sa­bes con qué te pue­den sor­pren­der.

Después de escribir “Hijos de la inercia”, ¿sigues creyendo que somos dueños de nuestro destino?

Por supuesto, pero para ello es fundamental que ten­ga­mos sue­ños. Eso va a hacer que, cons­cien­te o inconscientemente, to­­me­mos las decisiones ade­cua­das pa­ra po­der cumplirlos. Ló­gi­ca­men­te hay co­sas que no po­demos controlar, co­mo la suerte o la mala suerte, pero incluso con eso, alguien con sueños e ilusiones es más probable que los alcance. Hijos de la inercia es un claro ejemplo para mí. Des­conozco si podré hacer una carrera en la escritura, lo más probable es que no. Pero sé que ahora estoy un poco más cerca de alcanzarlo.

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