Ambición, éxito, decisiones que cambian una vida y una ciudad que se convierte en un personaje más de la historia. En Hijos de la inercia, el autor combina la tensión del mundo de la auditoría y las finanzas con escenarios tan reconocibles como Santa Eugenia y el Cerro Almodóvar, un homenaje a sus raíces y a un barrio que ocupa un lugar especial en la novela.
Por: Alicia Vallejo
El título es muy sugerente. ¿Qué significa realmente ser “hijos de la inercia”?
Hijos de la inercia se refiere a nosotros mismos; personas que nos dejamos llevar por un destino que parece caprichoso e imposible de gobernar. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Pasamos gran parte de nuestra vida en piloto automático, guiándonos por lo que se espera de nosotros, por el miedo a no fallar o, simplemente, dejándonos llevar por las opiniones de los demás. Eso hace todo más fácil porque te quita responsabilidad a la hora de decidir.
El problema viene cuando la realidad te pone en tu sitio y te obliga a plantearte si la vida que estás viviendo es la que siempre has querido vivir. Y de eso trata principalmente esta novela, de lo que tiene que ocurrirle a alguien para que llegue a plantearse ese dilema tan extremo y, más importante aún, de si va a ser capaz de tomar las decisiones adecuadas. Porque son ese tipo de decisiones las que pueden romper esa inercia que nos arrastra y, a veces, cambiar por completo el rumbo de nuestra vida.
¿Qué tiene el mundo de la auditoría y las finanzas que lo hace tan literario y tan perfecto para un thriller?
Creo que es un mundo que genera mucha intriga y eso para un thriller es maravilloso. Para empezar, es un mundo desconocido para la mayoría de las personas y eso genera curiosidad. Intriga y curiosidad es una combinación perfecta para una novela. Además, es complejo y en cierto modo inaccesible. Siempre se ha mostrado el mundo de la auditoría y el de las finanzas como un mundo de tiburones, donde la ambición campa a sus anchas y solo triunfan los más fuertes. Y en cierto modo podría ser así, pero, como siempre ocurre, la realidad es mucho más compleja. Para mí, lo más importante y en lo que pocas veces se pone el foco es que detrás de esas grandes multinacionales o detrás de palabras como “beneficios”, “dividendos” o “pérdidas”, hay seres humanos. Personas con miedos, con ambiciones, con necesidades de afecto. Personas que amarán, traicionarán y se sacrificarán. Creo que ese es el secreto de esta historia y lo que la hace tan literaria. No necesitas asesinos en serie o policías para escribir un thriller, necesitas personajes con conflictos constantes y una trama que los lleve al límite. Y eso se encuentra fácil en un mundo tan vertiginoso como el de la auditoría.
Madrid tiene mucho peso en la novela. ¿Qué aporta la ciudad a la historia que no podría aportar ningún otro lugar?
Bueno, lo primero que tengo que confesar es que yo soy un enamorado de Madrid. Creo que queda claro tras leer la novela. Es una ciudad con una vida frenética y donde hay vida, hay historias que contar. Como toda gran ciudad, está llena de matices, de contrastes. Tiene lujo y pobreza, barrio y nobleza. Tiene arte y destrucción, música y silencio. Para mí, Madrid es como una película en la que cada lugar tiene su propio estado de ánimo. Cada escenario, cada canción, cada diálogo que aparece en la novela tiene el objetivo de transmitir esa vida y esos contrastes para crear personajes profundos, algo clave para mí a la hora de construir una buena historia.
Hay capítulos relacionados con el Cerro Almodóvar y Santa Eugenia. ¿Por qué decidiste incluir ese lugar dentro de una trama financiera tan intensa?
Porque es la contraposición perfecta a ese Madrid infinito que comentaba antes, a ese ruido ensordecedor en el que se ha convertido la vida de Jaime, el protagonista de esta historia. Quería que el barrio fuera un escenario importante pero no para ser el escenario principal de la novela, sino por lo que ocurre cuando aparece en escena. Un atardecer viendo el skyline de Madrid desde el Cerro Almodóvar es una de las cosas más maravillosas que uno puede ver. Y si estás acompañado de alguien especial, mejor. Simplemente no podía dejar un momento así fuera de esta historia. Además, es mi pequeño homenaje a un barrio que ha sido y sigue siendo todo para mí.
¿Crees que hoy vivimos demasiado obsesionados con demostrar constantemente que triunfamos?
El problema es que, si no lo muestras, parece que no tiene valor. O eso es lo que nos hacen creer. ¿Cuál es el principal uso que se le da hoy en día a las redes sociales? Creo que han mediatizado y monopolizado la idea de éxito y prestigio. Cuanto más seguidores tengas, cuanta más gente te admire públicamente, más reputación tendrás. Y las redes precisamente viven de mostrar, por lo que tiene lógica que si triunfas en redes es porque muestras… es un sistema que se retroalimenta. Dicho esto, creo que al final es una cuestión personal. Si no necesitas reafirmarte, si no necesitas la aprobación pública de los demás, probablemente no lo muestres, aunque tengas éxito y reputación en el campo en el que te muevas. Es una cuestión de autoconfianza.
¿Hay algo autobiográfico en Jaime o en las situaciones que aparecen en el libro?
Esa pregunta me la han hecho mucho durante las últimas semanas y me parece lógico. Imagino que alguien que me conozca bien puede hilar y pensar que algunas situaciones que vive Jaime forman parte de mi vida. Una vez le escuché a alguien decir que todos los escritores dejan pinceladas de su vida, de sus experiencias o de sus sueños en los personajes de sus novelas. Yo tengo mucha imaginación y eso me ayuda a escribir, pero, indudablemente, las cosas que uno ha experimentado se plasman de un modo u otro en la historia que estás contando. Y respecto a las situaciones, te diría lo mismo. Obviamente, después de casi 9 años trabajando en auditoría en una Big Four, he tenido tiempo de sobra para vivir muchas experiencias. Pero también es tiempo suficiente para haber leído, escuchado o imaginado muchas otras. Así que te digo lo mismo, puede que sea un poco de Jaime, pero también un poco de Luna, de Paula, de Fabio, de Enrique… o de ninguno.
¿Qué fue más difícil: construir la trama financiera o la psicología de los personajes?
Creo que la trama financiera. Piensa que para ser capaz de escribir una novela ambientada en un mundo aparentemente complejo debes entender muy bien lo que estás contando. Mi mayor obsesión siempre fue escribir una novela que pudiera gustar, sobre todo, a un lector que no venga del mundo de la auditoría o de las grandes consultoras. Y para eso debes comprender muy bien la trama a nivel técnico, para ser capaz de filtrar y quedarte con lo esencial. Es la única manera de escribir algo que realmente enganche y anime a seguir pasando páginas. La psicología también tiene su complejidad, aunque es la parte que más me divierte. Me encanta crear vidas, meterme en sus cabezas y vivir sus conflictos. Disfruto dejándome llevar por lo que dicen o piensan los personajes. Nunca sabes con qué te pueden sorprender.
Después de escribir “Hijos de la inercia”, ¿sigues creyendo que somos dueños de nuestro destino?
Por supuesto, pero para ello es fundamental que tengamos sueños. Eso va a hacer que, consciente o inconscientemente, tomemos las decisiones adecuadas para poder cumplirlos. Lógicamente hay cosas que no podemos controlar, como la suerte o la mala suerte, pero incluso con eso, alguien con sueños e ilusiones es más probable que los alcance. Hijos de la inercia es un claro ejemplo para mí. Desconozco si podré hacer una carrera en la escritura, lo más probable es que no. Pero sé que ahora estoy un poco más cerca de alcanzarlo.

