Un día de la Tortilla

Existen tantos orígenes del Día de la Tortilla como días de la Tortilla en la geografía española en general, madrileña en particular y vallecana en concreto. Tardes de picnic, merienda y fiesta; pradera, césped y, por supuesto, tortilla. Tradición de origen religioso y gastronómico, celebración de fin de cosechas y recibimiento primaveral.  Peregrinos y feligreses de Santa Juana de la Cruz, que ya en romerías de siglos renacentistas hacían el camino hacia el convento de Cubas de la Sagra con pausa gastronómica, convertida en el centro del evento como día festivo y gastronómico. La costumbre se extendió: Carabanchel, San Fernando, Coslada, Torrejón …

En Villa de Vallecas San Marcos patrón de los ganaderos. Cerro Almodóvar y sus pinares. Entre los siglos XVIII y XIX, Vallecas es un pueblo agrícola y las romerías de primavera estaban arraigadas, jornadas con meriendas familiares. Se consumía pan especial llamado «libretas», de las tahonas locales. Tras caer en el olvido, PAU del Ensanche de Vallecas recupera la tradición en 2009, en el Ensanche, evento continuado por AV La Colmena en Santa Eugenia. Entonces… un día de la tortilla…

Abril panero, tahonas de celebración, tiempo decimonónico, gobierno regente y problemas en Cuba. El trigo dormitaba, trojes macera en panes vallecanos. Orgullosos labradores, jornaleros modestos… se acerca San Marcos, fecha de celebración.

Vallecas crece, los cerros verdosos que lo rodean, como una nueva pradera de San Isidro, dejan brotar familias, niños y parejas enamoradas, comparten mantel y merienda en la Fiesta de la Tortilla. Pero antes, una buena romería al convento más cercano: una misa al buen hacedor que haga la tarde más llevadera.

La madre casca huevos en un lebrillo de barro.

—Vamos, que no llegamos.

El marido abre la puerta del cobertizo.

—Las gallinas han sido generosas esta semana.

—Las del tío Manolo estaban muy gordas, padre —afirma la zagala, que termina de ajustarse el corpiño frente al espejo del baño. El vestido de los domingos para la ocasión.

Entra el abuelo con los niños, camisas de algodón, chalecos, medias largas y botines, masticando palulús. El abuelo, con chaqueta de corte recto, grandes bigotes blancos y reloj de bolsillo colgando de jubón que mira de reojo.

– Es la hora ya. La misa ha empezado y los vecinos marchan al pinar.

– Y las tortillas ya están hechas —anuncia la madre.

El padre cala su boina y abrocha su chaleco.

– La Juana nos ha dado hogazas de pan y el nuevo vecino, aceitunas negras.

– Me encanta que continúe la tradición —cuenta el abuelo, preparando las botas de vino—. ¿Preparados ya?

– ¿La niña dónde anda?

La muchacha, con corpiño, vestido hasta el tobillo, estampado de colores y sombrero de ala ancha, ha salido ya de la mano del novio, en edad de cortejo.

Dentro de la cesta, la tortilla gruesa y dorada, cuajada con cebolla pochada en aceite traído de La Mancha. El padre comenta, de camino a la romería, que el precio del pan ha subido; el abuelo recuerda los motines de años atrás por el encarecimiento del grano.

Romería y misa rápida, olor tortillero; rogativas por buenas cosechas y buena salida al campo. La pradera se llena de manteles, platos y panes. Aquí una familia, allí unos abuelos; niños jugando, enamorados pelando la pava. Rodajas de chorizo frito, lomo y torreznillos. Madres amorosas reparten panecillos redondos y se desatan hatillos de servilletas de tela.

Cestas con pan redondo y queso curado se racionan entre vecinos; los hombres pasan botas de vino clarete. Los mozos hacen corros. Longanizas de matanza también se comparten, mientras guitarras y panderos animan la escena. Olor a huevo y cebolla; pan crujiente bajo dedos curtidos. Festín de pradera.

Después de la sobremesa, sentados en el césped, llegan las charlas: del reparto de tierras, de las quintas que llevan a los mozos al servicio del rey, de un vecino que ha marchado a hacer las Américas. Entre las mujeres corren noticias de partos y dotes.

La fiesta continúa. Entra la tarde. Algunos bajan hacia el río Jarama; chapoteo de niños. El rojo carmesí del cielo anuncia el pronto anochecer. Canturreo de seguidillas, romería de regreso y un último sorbo de vino despide un buen día, el de la Tortilla.

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