Sertorio

Quinto Sertorio (122-72 a.C.) fue un político y militar romano, partidario de Cayo Mario y de las clases populares, enfrentado a Sila y a la aristocracia senatorial. Tras la victoria de Sila en la guerra civil derivada del conflicto, éste instauró una etapa de gobierno dictatorial. Sertorio se refugió en Hispania, junto con sus partidarios, donde los lusitanos le ofrecieron su apoyo. Con la ayuda de los pueblos autóctonos organizó una resistencia contra el Senado romano y logró derrotar en varias ocasiones a generales de la talla de Metelo y Pompeyo. Estableció un gobierno propio en Hispania y se alió con Mitrídates VI para desafiar el dominio romano sobre el Mediterráneo. Finalmente, fue derrotado mediante una conspiración y asesinado, convirtiéndose con el tiempo, en una figura legendaria.

Pero antes conoció la gloria de su nueva Roma en Hispania, senado y moneda acuñada  incluidos. Camina ahora con paso firme frente a sus legionarios, toga y túnica, bastón de mando en mano. Confiado, se adelanta a sus legionarios, sus tribunos colocan su sella castrensis, o silla de campaña. El general romano toma asiento con la calma y precisión de un veterano. Antes de acomodarse, echa la toga hacia atrás con un gesto natural, despeja

Recuerda a Mario, su desaparecido mentor, amigo de carcajada batiente en taberna, thermopolium romano, sonrisa eterna entre plebeyos y humildes, política en defensa de las clases populares que continua aquí, en su nueva Roma de suelo hispano en guerra contra la vieja Roma. En sus filas lusitanos, iberos, turdetanos y celtas, y también romanos que le siguen hasta la muerte, y hasta una cierva blanca, supuesto regalo de la diosa Diana cazadora, símbolo de prestigio entre  su gente. Carrera de victorias le han llevado hasta aquel valle y aquel río que alguna  vez será llamado del Kas, entre gavias y cárcavas acuosas  y frondosas. Guerra de guerrillas… pero un pueblo resiste a su paso, un pueblo fuerte y centenario, sobrevivientes a cartagineses y griegos, un pueblo carpetano. Posibles aliados valerosos. Frente al castro poblado carpetano, Sertorio sentado y paciente atisba la muralla, el humo de chimeneas encendidas y el frondoso arbolado que lo rodea. Tras ello, cuevas de refugio en la lejanía. – No pienso perder un hombre en esto, más sí ganar un aliado –

A su orden, caballos con rastrojos, hogueras aireadas, legionarios en labor, el humo sube, el aire lo voltea entra en poblados y cuevas. Carpetanos resisten, mas la resistencia no es eterna y comienzan a salir mujeres, niños y ancianos. Son encaminados al campamento, agua y víveres, quedan los guerreros. Entre la humareda, cuernos al viento soplan bocanadas de ordenes. Desde su interior el ejército carpetano  avanza, centenares  de pisadas golpean la tierra con estruendo, choque de escudos y repiqueteo de hierro. Las sombras entre el humo disipan combatientes cansados. Al llegar a los pies de Sertorio entregan las armas, dejan caer protecciones, lanzas y espadas, nuevo estruendo metálico sobre el suelo.—¡Carpetanos! Conozco vuestras hazañas contra nuestro antiguo enemigo común, Cartago. Pero ahora el enemigo es aún más poderoso. Es Roma; es el poder del Mediterráneo. Sus águilas sobrevuelan el mundo conocido y llevan consigo una destrucción que jamás podréis imaginar. Y ahora… viene contra vosotros.

¡Uníos a mí; uníos a los lusitanos, a los turdetanos, a los romanos fieles, a los celtíberos y a los demás pueblos de esta gran Iberia! ¡Jurad fidelidad a Sertorio y levantaremos aquí una nueva Roma, una nueva Celtiberia, una nueva Carpetania!

—¡Sertorio! — gritan algunos.

—¡Sertorio! — responden varios cabecillas.

—¡Sertorio!  — responde el valle.

Una lágrima asoma en los ojos del general, esboza una sonrisa y respira satisfecho.

Reorganiza guerreros hispanos en un ejército disciplinado, asegura lealtades, funda ciudades.  Llegan las legiones de Marco Perpenna en refuerzo, aumenta su poder, y con táctica de guerrillas, paciencia y estrategia vence una y otra vez a Pompeyo, batalla tras batalla a Metelo…. Pero Perpenna lidera una conspiración y Sertorio muere asesinado.

La romanización se extiende, en la zona de la Gavia, de Vallecas e Iberia. Los carpetanos sobreviven romanizados pero siempre quedará en su recuerdo sus glorias junto a Sertorio, de Sertorio en Vallecas.

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