Don Juan José de Austria

Don Juan José de Austria (1629–1679), personaje poco conocido, pero de gran importancia en aquel Imperio Español que entraba en decadencia a finales del s.XVIII. Hijo ilegítimo de Felipe IV y de la actriz María Calderón, fue político y militar formado en letras y ciencias. Dirigió campañas en las guerras contra Francia y durante la minoría de edad de Carlos II, fue primer ministro. Cargo al que llegó tras gran propaganda, apoyos religiosos, revueltas revolucionarias y dos pronunciamientos militares contra la regente Mariana de Austria y su gobierno corrupto. Cuando en 1669 lideraba su primer levantamiento frente a su ejército, ante el inminente asedio de Madrid, reparó en Vallecas, punto importante en las siguientes acciones.

Los campos castellanos brillan de fulgurante metal bajo el sol del atardecer, el cual refleja su luminosidad en corazas, armaduras, mosquetes, arcabuces y cañones arrastrados por ristras de caballos que levantan gran columna de humo.

Don Juan José de Austria observa este avance apostado en la carpa del cuerpo de mando sobre una pequeña loma. Recuerda sus años de fuego y pólvora, sofocando la revuelta Nápoles, gobernando Sicilia con firmeza, enfrentado a los franceses, pacificado Cataluña y preservado los fueros del pueblo. Fogueado en los campos de Flandes, de amargos recuerdos y derrotas que se extendieron a Portugal ante su independencia, fue retirado de la Corte, caído en desgracia tras la muerte de su padre el rey. Recuerda ahora con rabia las corruptelas que llegaron al poder con la regente Mariana de Austria y su confesor Everardo Nithard. Y de como escapó de la prisión ordenada por sus enemigos, pero el pueblo, los tercios, burgueses, y jesuitas le apoyaron, y así, reorganizado por los virreinatos de Cataluña y Aragón levantó una nueva milicia, una nueva fuerza marcial con la que avanzó hacia Madrid. Era la hora final de Mariana y Nithard y el momento en que Juan José ayudaría a reinar a su hermanastro Carlos II el Hechizado.

El aire fresco del otoño trae consigo un murmullo de esperanza y lealtad desde los caminos de Vallecas. — Mi señor — le saca de sus ensueños el alférez.  — El furriel mayor y los vallecanos han llegado. —

Don Juan José de Austria vuelve en sí. A su alrededor levantaban campamento para comenzar el asedio.  Delante de él una comitiva de vecinos aparece entre el polvo del camino. Al frente, representantes de baja nobleza, armados en apoyo de la rebelión. Tras ellos panaderos cargan canastas de pan recién horneado, pequeños montículos de sal y ramos de tomillo. La intendencia servida gracias al pueblo vallecano. Uno de ellos, de origen noble y practicas burguesas, se coloca al frente y habla con voz firme pero reverente — Señor de Austria, venimos de parte de todo Vallecas. Prometemos nuestra lealtad, y la de nuestras tahonas. Si así es vuestra voluntad, podemos incluso dejar Madrid sin pan. —

Don Juan los mira, con el ceño ligeramente fruncido, pero una sonrisa apenas perceptible ilumina su rostro que estalla en carcajada.

—Valientes amigos… —respondió— No es la nobleza sola la que sostiene un reino; son vuosas mercedes, con trabajo, sudor y fe, los que realmente le dan fuerza. No es necesario asolar con hambre a Madrid, pueblo orgulloso y fuerte que en breve entenderá que sus dirigentes actuales les oprimen,

— Así será. — intervino de nuevo el burgués portavoz. — Mientras tanto aceptad pan, sal y tomillo como muestra de buena voluntad y poder de las tahonas de Vallecas. Con ellas, centenares de lanzas y hombres con ánimo reforzaran vuestras huestes. —

— Así sea. — confirma Don Juan con los ojos llorosos y el ánimo recuperado.

Así se consolida la imagen de un líder apoyado, no solo por la nobleza, sino también por el pueblo trabajador, y por su pan.

Aquella noche, entre risas y murmullos, miles de hogueras convierten el valle en un nuevo firmamento. Don Juan comprende que no está solo y Vallecas, entrando de nuevo en la Historia, se convierte en un bastión de lealtad y esperanza, un símbolo del poder silencioso, del pueblo que inclinaba los destinos de la ciudad y del reino.

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